sábado, 26 de diciembre de 2015

El funcionalismo reformista: Educación e Igualdad de Oportunidades

El impulso hacia la educación e igualdad fue motiva por la ideología igualitarista y la tradición académica anglosajona, debido a la influencia social demócrata de la posguerra a lo largo de los años 70. 

Este empirismo metodológico acotó el tipo de variables manejables en la investigación e ignoró que la elevada correlación positiva entre origen social y éxito escolar pueda deberse a algo distinto a las aspiraciones personales o al coeficiente de inteligencia. 

De este modo observamos que se trata de una sociología que tiende a confundir lo empírico con lo estadístico y que prescinde de aquellos problemas que no son cuantificables.

Tras esta breve introducción vamos a conocer las opiniones de manera cronológica de los diferentes autores que aparecen en el texto:

  • Karabel y Halsey (1977): dicen que se trata de una sociología que “tiende a confundir lo empírico con lo estadístico, y frecuentemente prescinde de aquellos problemas que no pueden ser cuantificables”.
  • Lerena (1985):  señala “que practica como tónica dominante el doble lenguaje del empirismo, el del vacío formal y el del relleno estadístico”.
  • Blau y Duncan (1967), Coleman (1966) y Jencks y otros (1972): muestran en sus trabajos el tipo de preocupación sociopolítica y académica. El trabajo de Blau y Duncan sobre la preocupación ocupacional sobre el paso en las sociedades industriales, ofrece dudas a la independencia entre origen social y movilidad. Por otra parte sus conclusiones acerca de la inexistencia de efectos entre la herencia familiar y el estatus ocupacional.

Las conclusiones de Blau y Duncan, sobre la “desaparición" del efecto de la herencia familiar se publica cuando el informe Coleman identifica la “privación cultural” familiar, y no cualquier otro tipo input educativo, como la principal causa de las desigualdades educativas.

Las conclusiones del informe Coleman tuvieron un impacto significativo sobre la reorientación de la política educativa, “enfriamiento de las expectativas reformistas de los años sesenta” y al planteamiento de la lucha contra el fracaso escolar y desigualdades educativas. Coleman sostiene que si no existen diferencias en los inputs de las escuelas de niños blancos y negros, las diferencias en el rendimiento académico se localizan en el déficit culturales de las familias. Sus resultados proporcionaban una explicación al fracaso de los programas de educación compensatoria basados en los inputs de las escuelas que no conseguían alterar los resultados de los alumnos procedentes de las clases desfavorecidas. Aunque esta relación causal no permite identificar el capital cultural de las familias.

Este hecho dio lugar a la reaparición de Jensen o Eysenck que atribuían a la inteligencia y, sobre todo, a la herencia la capacidad explicativa de las diferencias educativas. Encontrando una posible explicación a la relación entre clase social y rendimiento académico. Por otro lado, cobraron fuerza las explicaciones de la privación cultural, debido al escaso valor que las familias otorgan a la educación y a las condiciones familiares que dificultan la presencia de motivación del estudio.

El estudio de Jencks y otros, fue el primer indicador crítico del reformismo educativo. El principal  resultado de su estudio es la demostración de la separación entre las distribuciones de las posiciones educativas y las de los estatus ocupacionales y de ingresos. Supone, en definitiva, no considerar siquiera las reorientaciones reformistas que había apuntado el informe Coleman por medio de la educación compensatoria del hándicap cultural. Para Jencks hay que abandonar la escuela como instrumento útil para la igualdad social y pasar a considerarla como un fin en sí misma.

Este estudio dio lugar a numerosas réplicas y contrarréplicas en las revistas de educación más prestigiosas de tal manera que Boudon, pone de manifiesto que el aumento de las tasas de escolarización en las sociedades industriales hace que disminuya la proposición de clases bajas con un nivel de estudios mínimos, e incluso que dichas clases sociales ganen en términos absolutos. También muestra que el nivel educativo es tanto más determinante del estatus adquirido cuanto más bajo es el origen social del individuo. Sus conclusiones valoran los efectos positivos que las reformas pueden producir sobre la igualdad educativa.

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